16.01.2011 21:53:17
El Cine Moderno, por Guillermo Arribas

Estimado Antoine,

Recientemente he visto una película que habla sobre tu infancia, Los 400 Golpes. Me impresionó mucho y me hizo pensar varias cosas que he decidido compartir contigo en esta carta. Supongo que lo que me lleva a escribirte principalmente, es que también se hizo una película sobre una cosa que me ocurrió cuando era pequeño y que marcó mi vida. Se llama E.T. El extraterrestre, tuvo bastante éxito, confío en que la hayas visto (...)

Últimamente estoy bastante interesado en el mundo del cine. Veo muchas películas y leo cosas que se escriben sobre su desarrollo a través de la Historia. Como eres francés, cuna de grandes cineastas, y dado que se han hecho varias películas sobre tu vida, estoy seguro de que tú también serás un gran amante del séptimo arte.

Sabrás, que con la primera película que se hizó sobre ti, y con un par de ellas más, se abre un periodo que los historiadores llamaron “modernidad cinematográfica”. Y con las primeras películas de Steven Spielberg y de algunos de sus amigos, como George Lucas, se abre un nuevo periodo que con gran alarde de originalidad estos mismos historiadores llaman “postmodernidad”.

Yo creo que siempre ha habido películas modernas y películas postmodernas. Y que según han ido avanzando los años, todas (o casi todas) las películas son modernas y postmodernas en si mismas. Por ejemplo, pioneros como tus compatriotas los hermanos Lumiere, Meliés o Abel Gançe, serían los primeros modernos del cine, ya que aplicaron todos sus esfuerzos e imaginación, para explicar el mundo en el que vivían (su realidad) con el lenguaje cinematográfico que ellos mismos estaban inventando. Los primeros cineastas que críticos e historiadores han denominado como “clásicos”, no hicieron otra cosa que aplicar las enseñanzas que otros pioneros “modernos” les habían transmitido. Gracias a Griffith o a Porter, se instaura el llamado sistema de continuidad de Hollywood, que da lugar al largo periodo del Cine Clásico en mi país. Directores considerados clásicos como Hawks, Ford, Cukor, Lubitsch, Wilder o Lang, son en realidad los primeros postmodernos (o postpioneros) ya que vienen después que ellos (aunque muchos también son pioneros). Pero además, los citados son a la vez modernos, porque inventan nuevas formas de expresar su realidad, quizá de una manera mucho más sutil o inapreciable a primera vista, pero que sin duda ha influido en directores posteriores como marcas personales e inconfundibles de cada uno de ellos en su visión particular del mundo. No son postmodernos en el sentido de olvidarse de la modernidad y retornar a una forma de expresar la realidad anterior en el tiempo (sentido que nunca he comprendido o nunca he compartido), ya que no vuelven a un lenguaje anterior a la “modernidad pionera cinematográfica” porque no existe nada ni nadie en el cine antes de ese momento.

Así, Orson Welles y su Ciudadano Kane sería el primer gran “postmoderno”, en el sentido de aplicar todas las enseñanzas del cine hecho hasta el momento y ponerlas en práctica para buscar la expresión de la realidad  (su realidad) a partir del lenguaje cinematográfico desarrollado hasta entonces.

El cine de los años 60 revoluciona de nuevo el lenguaje del cine y por eso se le denomina “moderno”, pero a la vez pone en práctica una serie de teorías e influencias (reconocidas por los cineastas del momento) de los directores más importantes del cine clásico: Hitchcock, Ford, Lang, etc… Tus compatriotas, entre los que se encuentra el director de las pelis sobre tu vida, François Truffaut, consideraban a estos directores “modernos antes de la modernidad” lo que en mi opinión les convierte a ellos y a sus películas en “postmodernas antes de la postmodernidad” ¿Qué supone si no incluir a Sam Fuller dentro de una película dando su opinión sobre lo que es el cine, sino una referencia a un cine anterior que influye directamente en el actual? Pero bueno, esto no lo hizo Truffaut sino su amigo Jean Luc, que por lo que he oído, no acabaron muy amigos ¿no es así?

Bueno, esta que he tratado de explicar es la que me parece la mejor definición de postmodernidad posible, un tanto obvia y con una dosis menos elevada de “mala leche”, pero mucho más justa en mi opinión, sobretodo aplicada al periodo que, según los historiadores, ocupa el postmodernismo y que afecta directamente a la película que Steven hizo sobre mi infancia. Se dice que la forma de concebir y producir las películas que inventaron o propulsaron Steven y sobretodo George Lucas con La guerra de las Galaxias, cambiaron el rumbo del cine para siempre (¿se considerará en este caso una forma de entender y reflejar la realidad?). Y parece que en algunos ámbitos (más cercanos a tu país que al mío) esto se considera como algo parecido al fin del cine.

Comprenderás que te escriba indignado con tal apreciación, tan sectaria y basada en los gustos personales, y no en una auténtica apreciación de las variaciones y devenires del lenguaje cinematográfico propia de un historiador serio y científico. En mi opinión, Antoine, y perdóname que me soliviante en este punto, pues ahora me estoy acercando cada vez más a aquello que me atañe directa y personalmente, películas como El Imperio Contraataca o En Busca del Arca Perdida son a la modernidad lo mismo que Los Diez Mandamientos o La Diligencia a la época pionera del cine. Es decir, no un insulto, ni un retroceso, ni nada por el estilo, sino una aplicación de conocimientos con una vuelta de tuerca más, hacia el perfeccionamiento de un tipo de lenguaje. No estoy en absoluto de acuerdo en que Malas Calles o Cotton Club sean el único tipo de película americana que ha sabido digerir y añadir a su forma y narrativa el peso de la modernidad. De hecho lo que hacen es ser más modernas en algunos sentidos que la saga de Indiana Jones o la de Luke Skywalker y compañía. ¿En la forma? Puede ser. Pero no como se ha dicho, en el sentido de que una repite formulas y la otra no. Las dos repiten formas del pasado y le añaden elementos nuevos. Por ejemplo, en Malas Calles quizá sea más fácil advertir la influencia del cine de los 60 (al fin y al cabo se encuentra adscrita al periodo y movimiento equivalente de modernidad cinematográfica, pero que en EE.UU llega unos años más tarde: Cassavettes, Penn, Friedkin, Frankheimer, etc…) pero en El Imperio Contraataca también esos años de cine han sido tenidos en cuenta aunque de una forma probablemente más inconsciente. Ahora los directores no tienen miedo de ser “personales” sea cual sea la historia que cuenten y más allá de su comercialidad. Irvin Kershner cuenta una historia oscura sobre cómo influye el miedo en nuestro crecimiento personal en la segunda parte (quinta en realidad) de la saga de las galaxias. Steven utiliza la tercera parte de Indiana Jones para hablar de cómo repercute el abandono de las obligaciones paternas en un adulto que se reencuentra con su padre tras pasar media vida distanciados. No es que antes (en el periodo clásico) no se hiciera, pero ahora se hace de una forma mucho más evidente y libre. Sobretodo DIFERENTE de como se hacía antes de la modernidad. Y es que una de las grandes aportaciones, sino la más importante de estos cineastas franceses de los 60, fue el descubrimiento y reconocimiento de la autoría más allá de los géneros. Gracias a eso, Lucas, Coppola, Spielberg, Cameron, Carpenter o Zemeckis son muy diferentes entre sí y muy diferentes a Ford, Hawks, Hitchcock, Wise, Fleischer, Tourneur y compañía. Los primeros no son sólo una vuelta o un retorno a los segundos, sino que por en medio están Truffaut, Godard, Richardson, Resnais, Buñuel, Rohmer, etc… con sus películas, pero también con sus escritos, que en muchos de estos casos fueron tanto o más decisivos en el siguiente paso en el lenguaje y desarrollo general del cine.

Otra cosa es la forma de producir y comercializar películas que se da en Hollywood desde los 80. ¿Pero no es esto también un reflejo exacto de la realidad mercantil en la que vivimos desde entonces? Unos directores sabrán sacar provecho de esta situación y otros no. Es la historia de siempre.


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